
Era cuestión de tiempo que las compañías empezaran a sentirse cada vez más cómodas con los bloggers. Los responsables más técnicos de las empresas confiesan en petit comité que se sienten en su salsa con quienes no sólo entienden lo que ellos explican sino que además plantean preguntas inteligentes.
No es que el entendimiento y la inteligencia esté repartida necesariamente de manera más generosa entre los medios online o más concretamente entre los bloggers, pero claramente entre estos últimos, el porcentaje de enviados por sus redacciones a cubrir algo que a ellos no les interesa especialmente, es mínimo. Y eso se nota.
Los NDAs (Non-Disclosure Agreements) o acuerdos de confidencialidad son documentos que tradicionalmente han permitido a las empresas compartir información confidencial antes de que ésta se pueda difundir. Cuando hay mucha confianza, se pasa directamente a hablar de embargo, sin necesidad de firmar papel alguno. La información está embargada hasta una determinada fecha, que suele coincidir con un anuncio internacional. Ocurre que tanto a las compañías como a los informadores les interesa, en un caso suministrar y en el otro acceder, a la información antes de esa fecha. De manera que las prisas por publicar, cuando se levante la veda, no afecten a la calidad de lo comunicado. Y ahí es donde entra en juego el NDA o el embargo.
La semana pasada Intel organizó un encuentro con bloggers en el que por un lado adelantó (en una sala con una espectacular decoración navideña) próximos lanzamientos de portátiles, portátiles ultrafinos y netbooks equipados con sus procesadores; y por otro anunció características de sus dos nuevos microprocesadores: Lynnfield y Clarksfield.
Intel compartió información confidencial con los bloggers exactamente igual que con los periodistas, tras firmar un NDA. Se trata de un primer paso muy importante y cada vez más habitual, que aunque pudiera parecer lo contrario, demuestra confianza en los bloggers, puesto que su firma se pone en valor.
Desde mi punto de vista quedan dos paradas más en esta hoja de ruta. La siguiente etapa será la de hablar de embargo, sin necesidad de firmar nada. Y la última, la de pedir simplemente responsabilidad. En Internet la información fluye a altísima velocidad y forzar un embargo, puede situar a los asistentes a las presentaciones en inferioridad de condiciones frente a sus competidores. En este mundo actual donde la reputación cobra tantísima importancia, no parece descabellado pensar que se podría echar mano del sentido común y relajar más los aspectos legales. Y que me disculpen los abogados.
Ahora la pregunta es, ¿cuánto falta para que esto ocurra?
Pues mi previsión no se mide en años, sino en meses.