La semana pasada tuvimos la oportunidad de reunirnos en Amsterdam con nuestros compañeros de Italia, Reino Unido y Holanda, para intercambiar conocimiento y poner en común casos y buenas prácticas. Es algo que desarrollamos habitualmente, aunque a distancia, a través de Yammer, una especie de Twitter pensado para empresas.
En esta ocasión, también analizamos la evolución de nuestras propuestas de comunicación online, evidenciando que cada vez más invertimos un mayor esfuerzo en la estrategia, algo que hasta hace muy poco no ocurría. ¿El motivo? Algunas compañías han decidido dejar de experimentar y miran con otros ojos a las redes sociales. Para muchas ya no se trata de estar en Facebook, subir vídeos a YouTube, o abrir un canal en Twitter (entre otras otras posibilidades), sino de elaborar una estrategia en medios sociales.
Se trata de integrar la estrategia en los medios sociales dentro de la estrategia de negocio. Y la consecuencia inmediata es que nuestra primera pregunta a la hora de abordar una propuesta de comunicación ha dejado de ser: “qué hacemos” para pasar a ser “por qué lo hacemos”. Es decir, cuál es el objetivo real que persigue nuestro cliente.
Ha sido un cambio radical que nos está acercando mucho más a la toma de decisiones estratégicas, alejándonos del suministro de unos cuantos servicios concretos.
Una vez conocido el por qué, avanzamos en objetivos concretos, tácticas (cómo, dónde y cuándo) y medición de resultados.
Afortunadamente para muchos no es imprescindible que las acciones tengan un impacto medible en la cuenta de resultados a corto plazo (véase retorno de la inversión o ROI), pero sí que seamos capaces de evaluar los resultados de la acción y poder determinar si ha sido un éxito o no. Una interesante evolución.

Y yo me pregunto el porqué de esto, por qué la mayor parte de mis compañeros, por no decir la totalidad, desconocen el sentido de términos tan fundamentales hoy en día para nuestra profesión como puede ser el concepto de 
